Dejemos crecer la buena semilla
Título. ¡Dejemos crecer la buena semilla!
Introducción.
Buenos días, hoy el tema de la predicación es “la parábola de trigo y
la cizaña” que se encuentra en Mateo 13:24-30, la explicación de dicha parábola
se encuentra en Mateo 13:36-43. (Búsquela, pero aún lo la leeremos)
A manera de introducción quiero decir que las experiencias históricas
en que se ha pretendido diferenciar cuál es el trigo y cuál la cizaña han sido
nefastas. En esas oportunidades se ha llevado a cabo una “caza de brujas” o,
sencillamente, se ha tratado de identificar a quienes no concordaban con la
ortodoxia. Ahí está el caso de las “brujas de Salem”(pueblo ubicado en el
estado de Massachussets en EE.UU,
ocurrió en el siglo XVII) y “la inquisición”, de la iglesia católica, Según
Wilton Nelson, este fue un “tribunal especial establecido por la iglesia
medieval, con el propósito de combatir la heregía” (Nelson, 580). Su origen se debió al Papa Gregorio IX en
1231, 1235, que la organizó y le dio procedimientos. Los protestantes en el
siglo XV también usaron medios represivos para perseguir a los herejes. Esta
última institución duró hasta el siglo XIX, fue abolida por Napoleón Bonaparte.
Si bien fue abolida, pero quedó como expresión de la intolerancia a la que
puede llegar la actitud de los líderes de la iglesia de querer separar el trigo
de la cizaña.
Pero la intolerancia, o el juicio riguroso han estado presentes en la
iglesia desde siempre. Desde que los discípulos escucharon a Jesús personal y
directamente. Ellos sintieron que eran privilegiados al oír y entender las
palabras del Maestro. Entonces quisieron saber ¿cuándo se produciría la
diferencia entre el trigo y la cizaña? La respuesta del maestro fue taxativa: a
ellos no les correspondía establecer esa diferencia.
La invitación del Señor a través de esta parábola a es a crecer como
comunidad, tener paciencia y aprender a convivir, esperar el día a que Dios
lleve a cabo el juicio sobre quienes no se someten a su voluntad.
Leamos el texto bíblico: Mateo 13:24-30 y Mateo
13:36-43 (Diap 2-5)
Breve acotación hermenéutica sobre esta parábola:
- Esta es
una de las parábolas en que Jesús mismo interpreta el significado a
petición de sus discípulos (13:36)
- Desde un
punto hermenéutico esto es significativo, pues no tenemos que estar
“buscando” el significado de los términos que utiliza el Señor y de la
parábola como totalidad.
- El tema
central de la parábola es “reino de los cielos” (13:24). En este caso se
puede identificar el término “reino de los cielos” con “iglesia”, aunque
no siempre se identifican. La “iglesia” es “el cuerpo de creyentes
profesantes”(Hendriksen, 600), en esta parábola, insisto, se puede
identificar ambos términos. Así que la parábola habla de la iglesia.
En el sermón hablaré del crecimiento del discípulo
en el contexto de la iglesia.
- (Diap
6) LA BUENA SEMILLA ES LLAMADA A CRECER.
Dios es el dueño
del campo, 1 Cor. 3:9, “Porque nosotros
somos colaboradores de Dios; ustedes son el campo de cultivo de Dios, el
edificio de Dios”. En unos versos anteriores expresa que es Dios quien da
el crecimiento (1 Cor 3:6) y quienes participan en la iglesia, trabajando, son
“colaboradores de Dios”(1 Cor 3:9),
cada persona que colabora trabaja con Dios para dar crecimiento a la iglesia.
Pablo expresa en
Filipenses 1:6, sobre el crecimiento de la iglesia: “Estando confiado en esto: que el que comenzó la buena obra en ustedes
la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús”. El crecimiento en la
iglesia y el reino de Dios, es un proceso
continuo llevado a cabo por Dios, en la vida del creyente y de la comunidad
iglesia, por medio de su Espíritu Santo.
El crecimiento del discípulo no es instantáneo, requiere de cuidados.
Además, de acuerdo
a las parábolas de “El sembrador” y del “trigo y la cizaña”, el crecimiento del
discípulo es difícil. La parábola del sembrador expresa que la semilla se
sembrada, sin embargo, no toda dio buen fruto. Pero, a pesar de todo, hubo
semilla que dio “buen fruto”(13:8). En la parábola que consideramos el trigo
crece con la cizaña 13:30: “Dejen que
crezcan juntos hasta la cosecha.
Por eso Pablo
expresa que no debemos dejar de mirar a quién es nuestro objetivo en el
crecimiento cristiano: Filipenses 3: 12-15: “No es que ya lo haya conseguido
todo, o que haya logrado la perfección, sino que sigo insistiendo por su logro
alcanzar aquello por lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no
considero que yo mismo lo haya alcanzado ya. Pero una cosa hago: olvidando lo
que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sino avanzando
hacia la meta para ganar el premio para el que Dios me ha llamado al cielo en
Cristo Jesús. Todos lo que somos maduros debemos pensar de esta manera. Y si en
algo piensan de forma diferente, Dios les hará ver esto también.”
La buena semilla,
que crece naturalmente, pues ha recibido la semilla del evangelio, crece de
acuerdo al crecimiento que le ha dado Dios.
- (Diap
7) EN EL REINO DE LOS CIELOS SOMOS LLAMADOS A VIVIR EN COMUNIDAD Y A “NO
JUZGAR”.
En esta parábola,
Jesús usa la imagen de la iglesia como un campo sembrado de “buena semilla”.
Desde un punto de vista agrícola, la semilla no se planta sola, crece junta con
otras semillas. Así también, en el evangelio se crece comunitariamente, no se
crece sin referencia a otros y otras que me apoyan en el crecimiento. Una
semilla, no sólo requiere de cuidados, también requiere de compañía. Al estar
aislados, somos más vulnerables a ser atacados o dejar de crecer.
Pero vivir en
comunidad representa un tremendo desafío que no es fácil de asumir. Vivimos con
otros, por otros, para otros-contra otros- a pesar de otros. Vivir en comunidad
es tener la paciencia de saber que en la iglesia también estará presente la
cizaña. En el contexto bíblico cizaña es toda persona que no se sujeta a la
voluntad de Dios. Que no asume que el reino de los cielos se ha acercado
en Cristo Jesús.
En esta vida
comunitaria somos llamados a no juzgar a nuestros hermanos. A ser
pacientes y esperar que el dueño del campo sea quien, finalmente, diferencie el
trigo de la cizaña. Sobre el juicio expresa Mateo 7:1-5: “No juzguéis para que no
seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con
la medida con que midáis, se os medirá. ¿Y por qué miras la mota que está en el
ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio
ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano:
"Déjame sacarte la mota del ojo", cuando la viga está en tu ojo? Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y
entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Este es el llamado
que el apóstol Pablo hace a la iglesia cuando expresa: “amaos los unos a los otros”,
- (Diap
8) EN EL REINO DE LOS CIELOS (iglesia) DEBERÁ ACTUAR CON PACIENCIA CON AQUELLOS QUE NO SON
“BUENAS SEMILLAS”.
La paciencia el
parte de los frutos de Espíritu (Gal. 5:22) que somos llamados a ejercitar en
la vida en comunidad.
Sobre la paciencia
expresa la Biblia: Romanos 15:5; “Que el Dios que da constancia (paciencia) y
que estimula les dé un espíritu de unidad entre ustedes conforme siguen a
Cristo Jesús”. Este pasaje es claro respecto de la paciencia. Primero no es
algo que produzca la persona, sino Dios. Segundo, por la paciencia podemos
lograr la unidad, y todo esto en el proceso de seguimiento del Señor, esto es,
en el proceso de crecer juntos como trigo (y cizaña); Pablo en Ef. 4:2 expresa
sobre la vida en comunidad: “Sean del todo humildes y apacibles; sean
pacientes, soportándose unos a otros con amor”. Finalmente, la exhortación de
Pablo con Colosenses es: Col. 3.12: “Así que, como pueblo escogido de Dios,
santos y amados, revístanse de compasión, bondad, humildad, ternura y
paciencia”. El Señor nos ayuda a que seamos pacientes unos con otros en el
contexto de la comunidad iglesia.
Conclusión: La invitación en esta mañana es a someternos completamente a la
voluntad de Dios, orar pidiendo que Dios establezca su reino en mi vida
y en la iglesia, para que seamos parte de reino que Dios está estableciendo en
este mundo. Además, a tener conciencia de vivir la fe en comunidad, compartiendo y
conectados a nuestros hermanos/as. Finalmente, a tener paciencia los unos hacia los
otros, cuando vemos que en el contexto de la iglesia no se cumple la
voluntad de Dios. Saber que cada uno tiene el compromiso ante Dios, de que esta
voluntad se vaya estableciendo progresivamente en nuestras vidas.
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