Escuchando a Jesús, en medio de la vorágine.

Título: ESCUCHANDO A JESÚS, en medio de la vorágine.( Diap 1)
Texto: Mateo 16:1-8 (Diap. 2)
En la vida la persona puede escuchar muchas voces. Las voces de sus padres (apoyándolo y/o      criticándolo), de sus amigos (tratando de convencerlo para esto o aquello). También se puede   escuchar las voces  de los medios masivos de comunicación (su crítica y pesimismo). Ahora bien, si alguna persona puede escuchar voces audibles que nadie más oye habría que ver el problema y visitar a un especialista. Eso es una patología psiquiátrica, o sencillamente, requiere una           liberación.
A veces las voces del medio suenan más fuerte que la de Jesús, otras escuchamos nuestras       propias voces interiores,  incluso la voz de nuestros propios deseos o temores. ¿A quién estamos escuchando? ¿Cuál es la voz que resuena más fuerte en nuestra mente?
Esas son las preguntas que deseo que contestemos en esta oportunidad. Veamos el texto de hoy y, luego, oremos.
 1Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. 2Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3Y se les aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con él. 4Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, haremos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
5Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió y se oyó una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd». 6Al oir esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y sintieron gran temor. 7Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: «Levantaos y no temáis».
8Cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie, sino a Jesús solo.(Diap. 3)

I.       TIEMPOS Y LUGARES.
1Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. 2Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3Y se les aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con él. 4Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, haremos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
El discípulo debe entender que el aprendizaje tiene “tiempos” y “lugares” indicados. El libro de     Eclesiastés dice: " Todo tiene su tiempo..."Ecl.3:1, Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. El evento ocurre en el monte (no se sabe cuál monte fue, pero el   lugar no importa), incluso cuando Pedro lo recuerda en su carta en 2 pedro 1:16-18 “pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia». 18Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.”, no dice el lugar específico donde esto sucedió. El lugar, en si         mismo no importa, lo que sucede es que el Señor necesita estar con nosotros en forma apartada.  En esta ocasión Jesús tenía para los tres discípulos una revelación especial. Eran ellos, no otros. El señor tiene para ciertos discípulos  experiencias espirituales que no son para cualquiera,         especialmente, cuando el discípulo tiene que asumir posiciones de liderazgo, como en este caso. Lo que sucedió fue una experiencia íntima, “2Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.Hay experiencias espirituales que el        Señor quiere compartir con  nosotros y que no las compartamos con nadie, las cuales dicen          relación con nuestro crecimiento espiritual.  Llegará el momento de compartirlas, (17:1-4) como el mismo Jesús les indica a sus discípulos.
II. ESCUCHAR A JESÚS. El discípulo debe oír a Jesús.(17:5)
5Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió y se oyó una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd».
Después de la aparición de Moisés y Elías,  y la ocurrencia de Pedro de construir una "ramada"   para protegerlos, el texto expresa que "una nube de luz lo cubrió y se oyó una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd".
Primero, la nube expresa en el A.T. fue la manifestación de Dios, su presencia, en este caso es lo mismo. La voz era para alentar a Jesús, previó a las duras experiencias que tendría que sufrir camino a Jerusalén.
La voz expresa: "A él oíd".

Dios está diciendo, que independiente de lo que pase de ahora en adelante, ellos como discípulos tienen el imperativo (es una orden) de escuchar a Jesús y sólo a él. Escucharán muchas voces,  que les dirán diversidad de cosas. Unas voces dirán que no es el mesías, otras que no murió, que robaron el cuerpo. Pero como Discípulos deberán escuchar a Jesús.
¿Cómo? En el caso de sus discípulos, tenían las experiencias y palabras que les había dicho.      Jesús mismo se les apareció una vez resucitado para hablarles.
En el caso nuestro, la Palabra, el Espíritu Santo que habla a nuestra mente, la predicación, las     circunstancias, etc.   El discípulo debe estar atento a oír la voz del Señor.
II.    APOYO DE JESÚS. (17: 6,7)
6Al oir esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y sintieron gran temor. 7Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: «Levantaos y no temáis».
La reacción de los tres fue la más natural, al comienzo somnolientos, estaban perplejos, no sabían que     hacer. Cuando se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo, vino temor. Temor reverente, así   que se postraron. Jesús lee(entiende) esta situación y los invita a levantarse y no temer. Pero       tiene otro gesto interesante, "se acercó  los toco", luego les habló.
Jesús fue una persona que siempre tuvo una relación cercana con la gente, especialmente con    sus discípulos, que supo leer cuando ellos estaban en una situación complicada. En este caso     entendió que ellos estaban atemorizados y los alienta. Se acerca, los toca, y los anima.
Frente a las muchas voces que el discípulo tiene que saber que Jesús está cerca, su promesa es “no os dejar huérfanos, estaré con vosotros…”. Si el discípulo escucha la voz de Jesús, ésta le alienta, le anima. Esta fue su promesa a los discípulos antes de partir, dejar el paracletos, el Espíritu Santo para consolarles, como cuando estaba con ellos. Dice Juan 16: 1-4. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. 5Pero ahora voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿A dónde vas?”. 6Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. 7Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. 8Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9De pecado, por cuanto no creen en mí; 10de justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más; 11y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
12»Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber.
III. MIRAR A JESÚS. (17: 8) 
8Cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie, sino a Jesús solo.[1]
El texto termina de una manera abrupta, al parecer. "cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a     nadie, “sino a Jesús solo". Es decir, no estaban Moisés y Elías. Pero para mí este texto tiene       otras dos lecturas.
1) Jesús está sólo frente a los acontecimientos que vendrán, tiene que sufrir, enfrentar la              humillación y la muerte. Tiene que hacerlo solo. De hecho, en los momentos más complicados,     los discípulos lo abandonaron.
2) "no vieron a nadie, sino a Jesús sólo". Ellos debían aprender que de ahora en adelante, la       única persona importante en sus vidas era Jesús. Debían verlo sólo a él. Jesús debe ser el          maestro, a quien sigan y escuchen. A nadie más. Esto también es válido para nosotros. Sólo        Jesús debe ser la persona más importante para nosotros, como sus discípulos.
(Diap 4)
Conclusión:
¿A quién está estuchando? ¿Quién le aconseja? ¿Se ha dejado dominar por el desánimo?           ¿A quién le está dando más importancia en la vida? ¿A los hijos?, ¿a la pareja?
Le invito a seguir a Jesús, a escuchar su palabra, a esperar los tiempos que él tiene para usted, a ser aconsejado y consolado por el Señor.
Les invito a pedir perdón si cosas o personas han estado ocupando el lugar del Señor.





[1]Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

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